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Integración La medicina moderna, las técnicas de rehabilitación cada vez más sofisticadas, los avances tecnológicos, y las reformas legislativas, han comenzado a hacer más fácil el que las personas impedidas lleven una vida más completa. No obstante, la auténtica integración es aún un ideal. Factores de aislamiento, como las barreras arquitectónicas y la inaccesibilidad de los transportes, se eliminan o modifican muy lentamente. Las oportunidades de empleo son aún limitadas y pueden ser nulas cuando el coste del cuidado médico está cubierto por la Seguridad Social o el seguro de desempleo. Muchas de las medidas a favor de las personas impedidas imponen en realidad un tipo de segregación, por su misma naturaleza, y, por supuesto, existen muchos impedimentos que son de por si tan limitantes que la integración no es posible. Como todo el mundo, los impedidos tenemos derecho a decidir donde vivir, cómo vivir, con quién asociarnos y cómo ser educados. Toda persona impedida o no, tiene derecho a contribuir a la sociedad en la medida de su talento y habilidad. Pero el deterioro de la confianza en uno mismo, la falta de motivación, el mal aprovechamiento de las facultades y las actitudes insensatas se combinan para mantener a los minusválidos apartados de la sociedad. Y así, se establece un circulo vicioso, cuando menos sea la visibilidad, más se retrasarán la acomodación y la aceptación. La base de la integración, tal como se expresa en informe Snowdon Integrating the Disable, es "una sociedad que reconoce palpablemente su humanidad común con los impedidos". Debemos luchar por colocar esta primera piedra de una sociedad mejor.
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