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Pidiendo Ayuda

Saber cuándo y cómo pedir ayuda no resulta fácil para mucha gente. Algunos son tan tercos, que no pueden admitir que no son capaces de hacerlo todo por sí mismos. A otros se les a inculcado desde su infancia la actitud de que deben terminar solos cualquier tarea que emprendan. Algunas personas, simplemente están inseguras de sí mismas; tan inseguras, que no se atreven a buscar ayuda por miedo a que esto se interprete como un signo de debilidad. Sin embargo, existen algunos que adoptan la actitud opuesta, empleando hasta la saciedad el sistema de parecer indefensos, hasta que aparece alguien que se hace cargo.

Los que tenemos discapacidades no escapamos de estos modelos autodestructivos de conducta si estos rasgos forman ya parte de nuestro carácter. Por el contrario, una discapacidad física proporciona una perfecta excusa para alimentar estas tendencias. Las personas pasivas y dependientes se encuentran en una posición inatacable; como todo el mundo está dispuesto a suponer que son dependientes, se les ofrece ayuda, tanto si las necesitan como si no. Los que son agresivamente independientes, pueden pasárselo en grande insistiendo en hacer por sí mismos cosas que sus amigos o parientes podrían hacer en la mitad de tiempo, rechazando con gruñidos ofertas de ayuda bien intencionadas, y generalmente hiriendo los sentimientos de los demás, como si por hacer esto demostrasen que son capaces de cuidar de sí mismos.

Conseguir un equilibrio entre estos dos entre dos extremos es particularmente difícil para una persona con discapacidad. La mayoría de nosotros nos enorgullecemos del mundo en que aprendimos o estamos aprendiendo a valernos. Pero esta meta puede exigir tanta determinación y concentración, que lleguemos a perder perspectiva. Podemos considerar que necesitar ayuda de vez en cuando o continuamente es admitir la derrota. Podemos sentirnos por ello y, por extensión sentir hostilidad hacia la gente que ofrece o concede ayuda. Esto puede ser duro para los amigos y familiares. Si la situación fuera a la inversa, ¿actuaríamos mejor nosotros?.

Por supuesto, siempre existe el problema de los extraños bien intencionados, que a menudo hacen más daño que beneficio. Si uno es ciego, pueden sobresaltarle perder el equilibrio al cogerle de repente del brazo para cruzarle la calle; o cuando le ven a uno maniobrando la silla de ruedas sobre la acera pueden, con su mejor intención, agarrarla inesperadamente y tirarlo a uno. Si no pude comunicarse bien, puede que griten como si uno fuera sordo, y si uno es sordo, pueden embarcarse en una bochornosa pantomima del tipo "Yo, Trazan; tú Jene".

No hay que mostrarse hostil hacia estos bien intencionados. ¿Por qué tendrán que saber cómo ayudarnos?. No son profesionales. Son sólo personas que tratan de ser amables. Es un impulso que hay que estimular, así que hay que tomarse el tiempo de explicarles como pueden ser útiles. Puede que así comprendan cómo ofrecer ayuda en otra ocasión a otras personas con discapacidad.

También está el transeúnte que mira hacia otra parte mientras uno lucha por subir una escalera con la bolsa de la compra colgando de las muletas. Esto puede interpretarse como indiferencia, pero lo más probable es que sea timidez. Mucha gente no quiere ofrecer ayuda por miedo a que no sea bien recibida. No dejes que el falso orgullo te contenga. Posiblemente sólo están esperando una señal. Dasela. Pidiendo que te echen la mano y acéptala de buena gana. No se trata de una transacción unidireccional. Dejando que alguien te ayude, podrías estarle ayudando al mismo tiempo.

En todos los intercambios humanos, lo más importante es enviar la señales adecuadas. Si pudiéramos leer el pensamiento de los demás, se evitarían infinitos malentendidos. Así, pues, lo mejor es ser abiertos y honrados acerca de nuestras necesidades, con la esperanza de que otros hagan lo mismo. Si comunicamos nuestras necesidades, la gente que nos conoce bien llegará a conocernos mejor, y aquellos que pasan fugazmente por nuestra vida estarán en mejor posición para comportarse con otros impedidos. Después de todo, sentirse libre para pedir ayuda cuando sea necesario y para ofrecerla de buena gana es parte importante de la vida cotidiana.

**La  información de  esta  sección fue obtenida  de geocities

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