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La mayoría de las personas que dependen de una silla de ruedas la consideran una prolongación de sí mismos, un sustituto de la potencia muscular perdida que ahorra energía, concede independencia y les permite ocupar una posición en el mundo que les rodea.
Sin embargo, muy a menudo, la gente con impedimentos recientes a los que padecen discapacidades progresivas, no comprenden este punto de vista, ya que aún estás bajo la influencia de sus anteriores prejuicios. Algunas personas sanas equiparan la silla de ruedas con las enfermedades. Les resulta difícil aceptar a las personas en sillas de ruedas como adultos independientes, y tienden a tratarles como a niños, o a hablarles como si sus mentes estuvieran afectadas lo mismo que sus cuerpos. Cuando una persona con esa actitud se ve obligada a usar una silla de ruedas, encuentra difícil adaptarse. En su cabeza, "estar reducido a una silla de ruedas" representa una humillación o una admisión de derrota. Estos puntos de vista inhiben a muchos posibles beneficiarios y explican la gran cantidad de testarudos con bastón y muletas, que rechazan la silla de ruedas por principio y cuya movilidad es tan penosa como restringida. Usar una silla de ruedas no debería llevar aparejado ningún estigma; es sólo un accesorio más. Más que un signo de debilidad es un símbolo de independencia que aumenta la participación en la vida y no disminuye el valor de uno como persona. Tan importante como aceptar la silla de ruedas es conseguir el modelo más adecuado y aprender a utilizarlo lo mejor posible. Un doctor o terapeuta puede ayudarnos a escoger el tipo de silla que cada uno necesita, y no es recomendable comprar sin consejo profesional. La elección puede estar limitada por consideraciones de tipo médico o por la agencia oficial que proporciona la silla, pero hay que recordar que, una vez adquirida, eres tú el que tendrá que vivir con ella. Si es posible, conviene alquilar antes de comprar. (A veces, el alquiler se descuenta del precio de silla que finalmente se compra). La silla de ruedas que parecía adecuada en el hospital o en la tienda, puede no ser apropiada para nuestro estilo de vida. No temas probas sillas de diferentes pesos y tamaños, fabricadas por diferentes firmas, y averiguar todo lo que puedas sobre las opciones y facilidades disponibles. Los fabricantes y distribuidores de sillas de ruedas ofrecen catálogos ilustrados. En estos podemos encontrar una gama aparentemente abrumadora de sillas manuales y con motor, en diferentes modelos, tamaños, pesos y precios, y un desconcertante número de características especiales, extras y accesorios. Es conveniente estudiar los catálogos con cuidado ya que hace falta mucha atención para encontrar la silla que uno necesita, con las características que uno desea, el precio que uno puede pagar. Esta guía pretende ayudar a tomar una decisión. La silla normal para uso personal tiene un respaldo recto y brazos fijo, ruedas grandes atrás y pequeñas adelante, frenos y generalmente apoyos para los pies, desmontables. Para personas incapaces de sentarse derechas, se hacen sillas con respaldo reclinable, que puede ajustarse desde la posición vertical a la horizontal. Entre las versiones modificadas de la silla típica, tenemos: modelos para impulsar con una sola mano, con ruedas de aro doble que pueden montarse a cualquier lado; modelos para amputados de las piernas, que tienen las ruedas impulsarlas para atrás, para compensar el equilibrio; y modelos para hemipléjicos, que tienen el asiento más bajo para poder impulsarlas con los pies. Además, la mayoría de los fabricantes tienen un modelo aerodinámico "deportivo", un modelo pequeño para niños y una silla adaptable, para jóvenes en crecimiento. Para personas que no pueden manejar las ruedas impulsoras delante, pero sólo sirven para uso interior.
El armazón de las sillas pesa de 18 a 22 kilos, según el modelo. También existen modelos más ligeros, cuya armazón es de aluminio y aleaciones especiales; pesan mucho menos y son más fáciles de transportar, pero no de impulsar y maniobrar. También existen modelos pesados, reforzados en los puntos de máxima tensión. Estos refuerzos pueden incorporarse también a una silla corriente. Las sillas se fabrican en ciertos tamaños estándar, aunque las dimensiones del asiento, el respaldo y los brazos pueden modificarse por un cierto precio. Todos los fabricantes ofrecen una silla de "adulto normal" y otra "estrecha", y modelos "junior" (a veces llamados "de adultos, pequeños") y para personar "altas" y "muy grandes".las dimensiones varían ligeramente de un fabricante a otro, pero la anchura del asiento de la silla "de adulto, normal" es de 45 cm, y la de la "estrecha" de 40 cm. La anchura total de la silla también varía según que se trate del modelo "normal" o del "estrecho", entre 61 y 66 cm para las "normales" y de 55 a 61 para las "estrechas", según el tipo de brazos. La mayoría de las personas dan por sentado que son "adultos de tamaño normal"; pero si uno es delgado, vale más probar una silla estrecha o una "junior"; se ahorrarán así unos cuantos centímetros innecesarios, y este ahorro puede tener su importancia a la hora de pasar por las puertas. Todas las sillas corrientes disponen de características optativas. Los brazos desmontables, en vez de ser fijos, suelen añadir de tres a cinco centímetros de anchura a la silla, pero presentan muchas ventajas. Permiten apearse lateralmente, para pasar de la silla a la cama, el retrete o el coche, con o sin la ayuda de un tablero. Aligeran la silla para transportarla y para guardarla. Los brazos desmontables dan el antebrazo el mismo apoyo que los fijos. Los brazos "de escritorio" son más bajos por delante, lo que permite introducir la silla bajo las mesas y escritorios. También se pueden girar hacia delante, para apoyarse en el extremo elevado al sentarse o levantarse. Los modelos más caros disponen de brazos de longitud normal o de escritorio, con un diseño "plegable" que ahorra 3 cm de anchura total, una gran ayuda cuando se maniobra en lugares estrechos. Como éste es uno de los principales problemas, todas las sillas deberían tener esta característica, cualquiera que fuese su precio. En algunos modelos, no en todos, existen brazos desmontables, que se pueden levantar y abatir. Un brazo desmontable y adaptable, de longitud normal, pueden bajarse para introducirse bajo una mesa o escritorio. Antes de elegir silla, conviene estudiar todas estas opciones. Algunas sillas disponen de apoyaderos para los pies, de altura adaptable, pero en la mayoría de los modelos los apoyos para los pies son desmontables y se puede ajustar su altura y plegar las plataformas. Pueden quitarse para embalar la silla, metería en un coche, impulsarla con los pies o acercarse lo más posible al lavabo, al escritorio o a la cocina. Además, muchos apoya pies oscilan hacia un lado, lo cual es muy conveniente. Otros accesorios optativos para apoyar pies y piernas son: un tablero para evitar que los pies se salgan de la plataforma en caso de espasmo o falta de coordinación; plataformas de tamaño mayor para los pies, estribos para mantener los pie en su sitio y accesorios que permiten soltar, aún con dedos débiles, los mecanismos para oscilar los apoya pies y apoya piernas. Los frenos se basan en el principio de la palanca o en el de la palanca acodada. Conviene asegurarse de que la silla elegida dispone del tipo de freno que uno puede manejar más fácilmente. Puede comprarse o hacerse un extensor, que alargue la palanca del freno y poder agarrarla con mayor facilidad. Debe ser desmontable, para que no estorbe al bajarse por los lados.
Las ruedas impulsoras suelen tener llantas de goma sólida, que se mueven fácilmente por los suelos de las casas, pero rebotan en las superficies irregulares. Existe una gama de llantas neumáticas que se pueden usar en sustitución de- las sólidas. Con ellas resulta más fácil mover la silla fuera de casa. Para los neumáticos se necesita una bomba. A veces va incluida en el precio; otras veces se considera un "extra". La silla típica se impulsa a mano, por medio de los aros de metal que bordean los neumáticos. Para personas de manos débiles, existe un aro con proyecciones con punta de gaucho, espaciadas regularmente, que facilitan la tarea. Las ruedas delanteras pequeñas suelen tener un diámetro de 20 cm. Sin embargo, en algunos modelos económicos miden sólo 13 cm y son de maniobra más difícil. Existen ruedecillas neumáticas y semineúmaticas. Si es necesario que se muevan al subirse o bajar de la silla, se pueden comprar enganches giratorios para sujetarlas. Existen asientos sólidos, con bisagras para plegar y un cojín para añadir altura y comodidad, pero la mayoría de las sillas tienen un asiento flojo, al que se puede acoplar una tabla o un cojín de goma- espuma. Estén muchos tipos diferentes de cojines. Las sillas típicas están tapizadas de tejido cubierto de vinilo, algunas veces reforzado con lona y acolchado con espuma. Hay personas que prefieren la tapicería de nylon, sin cubierto de vinilo, porque la encuentran más seca y confortable. Para personas incapaces de impulsar la silla a mano, existen sillas de cuatro ruedas, que deben ser empujadas por un asistente. Pero la mayoría de estas personas prefieren sillas movidas por baterías. Estas sillas tienen el mismo diseño que las de control manual. Las baterías se montan en la parte de atrás o por la parte de adelante, por debajo del nivel del asiento. Tienen carga para seis u ocho horas de uso continuo, y se pueden cargar durante la noche, empleando el cargador que se vende con la silla. Hay dos unidades motoras, cada una de ellas para una de las ruedas grandes. Los controles se pueden instalar a la derecha o a la izquierda, y responden no sólo a presión de los dedos, sino que, en caso necesario, se pueden controlar con la barbilla o con el aliento. En los Estados Unidos se venden motorcitos portátiles y adaptables, con unidades de control, que se pueden adaptar a una silla corriente y convertirla en una de motor. En la actualidad existen también muchos tipos de coches y scooters para uso interior y exterior. Tienen un aspecto más dinámico que las sillas de ruedas, su funcionamiento es económico y resultan divertidos.
Así como las limitaciones físicas concretas influirán en la prescripción del modelo básico de silla, será el estilo de vida de cada uno lo que ayudará a decidir el modelo y opciones. Si es usted una persona activa, que tiene que ir de un lado a otro en la universidad o la fábrica, puede convertirle un modelo extrafuerte, que resistirá todo tipo de malos tratos. Si suele usted quedarse en casa, o la silla va a quedarse en la oficina, será preferible un modelo más ligero. Si usted viaja mucho y quiere llevar consigo la silla, lo mejor será un modelo plegable, no demasiado pesado y que se pueda meter en la cajuela de un coche. Para recorrer caminos rurales, se necesitará una silla de máxima estabilidad. Para entrar y salir de edificios, es preciso que la silla de fácil maniobra y lo más estrecha posible. Una silla ancha puede hacerse más estrecha con un "estrechador", una especie de manivela que se puede acoplar a los brazos y que estrecha la silla temporalmente, para permitir el paso por puertas estrechas. Con el fin de protegerse, compruebe usted la garantía del fabricante, y trate de averiguar si la compañía tiene buena reputación en lo referente a reparaciones y repuestos. Si compra a un distribuidor, asegúrese de que éste dispone de los repuestos necesarios, y le prestará otra silla cuando tenga que reparar la suya, conviene también hacer amistad con el reparador de bicicletas más cercano. Es fácil que pueda hacer una reparación rápida y eficiente. Puede prolongar la vida de su silla manteniéndola limpia, seca y sin orín, engrasandola regularmente, poniendo especial atención en las articulaciones y partes móviles. Compruebe regularmente que los frenos funcionan bien, que los neumáticos tienen la presión correcta, y que los aros para impulsar están bien sujetos a las ruedas. Si sigue usted todas estas precauciones prácticas, y si acepta su silla de ruedas como lo que es, un vehículo imperfecto pero valioso, podrá usted sentarse y disfrutar la libertad que supone, sin sentimientos de desilusión. Contemplar la vida en posición sentada tiene sus inconvenientes, y una silla de ruedas tiene sus puntos débiles, pero como alternativa a la inmovilidad es un pequeño milagro.  | El sujetavasos y el cenicero se acoplan perfectamente al brazo de una silla. | Girando la manivela para ajustar la anchura, se puede reducir la anchura de una silla plegable, con estructura en X, unos 10 cm. |  |  | Existen varios tipos de alargadores para el freno. La palanca acodada del dibujo añade 18 cm a la longitud del freno y es fácil montarla y desmontarla.
| Existen diversos modelos de bolsas, que pueden resultar muy útiles la que se muestra en la figura se adapta al brazo y mide 15 X 40 cm. |  |
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