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Las palabras que empleamos reflejan nuestras actitudes. El uso de términos como "minusválido" o "impedido" es particularmente revelador. Para muchas personas, son censurables. En efecto, estos términos son etiquetas que estereotipan y categorizar un grupo de personas muy diversas, que no tienen nada intrínseco en común. No describen verdaderas condiciones, y sólo son verdaderamente aplicables en generalizaciones, como el título de un libro o un acto de legislación que aplique a gente con todo tipo de incapacidad física y en toda clase de situaciones vitales.
Por añadidura, las mismas palabras "inválido" o "impedido" se intercambian en la conversación, como si tuvieran el mismo significado y, a fuerza de uso, han llegado ha significar lo mismo. Pero una incapacidad física, no importa cual sea su causa, es un hecho determinado médicamente, que puede definirse y describirse explícitamente. En ocasiones, un impedimento puede reducirse, o incluso eliminarse por completo. Un hombre con las piernas paralizadas, que dependa totalmente de una silla de ruedas estará muy impedido si vive y trabaja en edificios inaccesibles y no puede utilizar los trasportes públicos. Sin embargo, si se mudara a una casa tipo rancho, consiguiera un trabajo en un edificio con ascensores y comprara un coche con controles manuales, no estaría impedido, pues su limitación ya no afectaría a su capacidad de funcionar. Existen también impedimentos que pueden incapacitar gravemente a una persona en una situación. Pero no en otras. Una persona concertista de piano que pierda dos dedos verá seriamente obstaculizada su carrera, aunque puede que ello no afecte a otros aspectos de su vida. Al competir (en el colegio, el trabajo o el deporte) con personas sin impedimentos, los impedidos físicos suelen encontrarse en la misma posición que el deportista con un hándicap o desventaja que le hace más difícil la victoria. Existen dos modos para que una persona con un impedimento pueda mitigar su desventaja. El primero es emplear los accesorios; y el segundo, adoptar una actitud constructiva y realista. Los accesorios, sencillos o complicados, pueden muchas veces hacer la vida diaria infinitamente más fácil. Son un ahorro de tiempo y energía, aumentan la movilidad y amplían la capacidad de comunicación. Algunas personas impedidas descubren formas ingeniosas de resolver problemas prácticos, y se crean sus propios accesorios. Se necesita imaginación, conocimientos y ayuda por parte de otros para sacar el mejor partido a los recursos que tenemos a la mano. Hasta que punto te incapacita tu impedimento puede depender mucho de tu actitud. Se ha comprobado que muchas personas con graves limitaciones físicas no se consideran a sí mismos particularmente impedidos, mientras que otras, con impedimentos relativamente ligeros, se consideran gravemente incapacitados. Y este tipo de actitudes afecta a todos los aspectos de la vida del individuo. A menudo, la opinión que una persona tiene de su incapacidad le imposibilita más que la incapacidad misma. Existen muchas actitudes corrientes que representan un obstáculo. Algunas personas, por ejemplo, no pueden desprenderse del concepto de "totalidad", desde el punto de vista de la gente con cuerpo perfecto. Estas personas sienten que tienen que compensar de algún modo su carga, y a menudo actúan implacablemente, intentando hacer mucho más de lo que su capacidad les permite. Entonces, cuando no consiguen realizar algo que probablemente era imposible, se sienten frustrados, furiosos o presas de la amargura. En sus esfuerzos por demostrar que son tan buenos o mejores que sus contrincantes no impedidos, no pueden aceptar sus limitaciones y, en consecuencia, no obtienen ningún placer de sus habilidades y logros reales. Otras personas se identifican en exceso con el mundo de los no-minusválidos e intentan "hacerse pasar" por uno de ellos. Si su impedimento es pequeño, o no se nota mucho, se apañan sin accesorios y gastan un acceso de energía manteniendo su ficción. Aunque no tiene nada de malo disimular una incapacidad, negarla es negar parte de uno mismo. Algunas personas incapacitadas evitan a los que tienen problemas similares. Aunque su excusa -que no tiene nada en común con ellos- puede ser verdad, están bastantes motivados por el miedo a que les identifique como "uno de ellos". Esto es negarse a verse uno mismo de un modo realista. Esta actitud impide a menudo entablar conocimientos con muchas personas de todo tipo de vida, cuyas experiencias y objetivos comunes pueden ser una ayuda y un estímulo. La reacción opuesta es igualmente incapacitante. Aunque la vida corriente, las escuelas especiales y las barreras arquitectónicas parecen conspirar para segregar a las personas impedidas, algunas de ellas se mantienen apartadas por elección propia. Se aferran a otras personas impedidas en busca de apoyo mutuo, creando un ghetto que muchas veces está vedado a las personas sin impedimentos, así como a los que padecen impedimentos de tipo diferente. Identificar las actitudes obstaculizantes -y comprenderlas- ayuda a cambiarlas o controlarlas, de modo que podamos evitar que una incapacidad se convierta en una desventaja. **La información de esta sección fue obtenida de geocities ¿Desea más información?
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